EL GENERAL KANG-PING DECIDE AUTOCASTRARSE
Ha regresado tras un largo viaje de caza el emperador chino Yung-Lo. En su ausencia, el general y hombre de confianza Kang-Ping se había quedado a cargo de su palacio y de la custodia del gran harén real.
Nada más entrar en el recinto de la Ciudad Prohibida, el emperador ha sido informado de que su general había intimado con sus concubinas.
El emperador Yong-Lu, desconfiado y colérico por naturaleza, ha enfurecido de inmediato. Dispuesto a castigar a su general, Yong-Lu lo ha llamado a su presencia.
Pero el general se había cubierto las espaldas, ya que se había castrado antes de la partida del emperador, metiendo su miembro en una de las alforjas de su caballo.
